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Un laberinto de callejones

Escrito por Dr. SeROne el 13-01-2009, 15:02

Tras comer algo en el restaurante del hotel Ágata, encamino mis pasos erráticamente por las calles de Villa Lugash. Y aunque camino lento, sin ningún rumbo definido, me doy cuenta de que mis pasos me conducen inconscientemente a la profunda brecha en la isla. El olor acre del humo de la mostruosa fábrica comienza a atacar mi nariz, mientras la mirada vacía de las ventanas cerradas de la mansión del conde no deja de clavarse en mi desde la altura de su peña rocosa.

Las calles, ya vacías de por si a mi llegada a la villa, se van vaciando más y más mientras camino por los callejones estrechos que han formado las casas apiñadas y construidas de cualquier manera, hasta el punto que en muchos de ellos no veo nada más que algún gato esquivo. Observo que casi todos los postigos de las ventanas están cerrados, y que no oigo ruído de conversaciones, o de música. No siento vida entre esas gentes cansadas.

Al final de uno de esos callejones, bebiendo de una pequeña fuente adosada a una de las paredes del callejón, veo a una figura pequeña, cubierta por un abrigo largo con capucha pese al buen clima de la isla. Cuando me separan aún algunas decenas de metros de la silueta, ésta deja caer el agua que llena el cuenco formado por las palmas de sus manos y me mira. Me mira con la mirada más profunda con la que nadie me ha mirado jamás. Me mira con la mirada más sabia con la que nadie me ha mirado jamás. Me taladra con unos ojos color ambar que parecen observar mi pasado, mi presente y mi futuro. Mi interior, mis secretos más ocultos, mis silencios quedan desvelados ante esa mirada de medusa. No puedo evitar estremecerme… y tampoco puedo evitar seguir mirando el interior del pozo de esas pupilas. Ribeteando el rostro en el que se enmarcan aquellos ojos terribles y hermosos, una cascada de pelo oscuro se derrama, escapando de la prisión de la capucha.

Aquel breve contacto visual pareció durar eones, aunque sólo fue un instante en realidad. Ella me sonrie brevemente y de repente echa a correr, con su abrigo largo ondeando al viento tras ella.

-¡Ey! ¡Espera!

Sin saber muy bien por qué, echo a correr tras aquel misterioso Mii. Aunque parece correr como una gacela, y se mueve en el laberinto de las callejuelas con destreza, siempre veo el extremo ondeante de su capa en el siguiente recodo del camino que he de tomar. Algo dentro de mi, muy profundo, hace sonar las alarmas. Trampa… Encerrona… Pero no puedo evitarlo, sigo corriendo tras la silueta…

…hasta que ésta desaparece del todo en un cruce de 5 caminos. Por mucho que mire al extremo de las calles no soy capaz de encontrar ninguna pista de su paradero. Miro a mi alrededor. No conozco el sitio donde estoy, pero parece que me he alejado de la enorme fábrica, y estoy a pocas calles del extremo de la villa, cerca de los árboles del bosque. En el suelo, justo en el centro de la encrucijada, hay un pequeño sobre de un color verde pálido, con un nombre garabateado en letras grandes:

Rentin


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1 to “Un laberinto de callejones”


  1. Amaranta dice:

    hola esto que me lei me gusto mas , jijijiji porlomenos lo entendi, boy a segir leyendo por aqui q esto promete,(me gusta¡¡¡¡¡) UN BESOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO



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