Blinko


La herida del bosque

Escrito por Dr. SeROne el 06-10-2008, 14:05

El bosque transcurre lentamente al otro lado de las ventanas del autobús. Y, recostado en el asiento del vehículo medio vacío, medio despierto y a la vez medio dormido, veo como en un sueño el monótono paisaje de frondosos árboles, tupidos arbustos bajos y coloridas flores, tan sólo roto en escasas ocasiones por algún animal disperso, y cada vez más esquivo a medida que nos vamos adentrado en el bosque.

La única cosa que me hizo abrir los ojos y disipar el neblinoso velo del sueño pasó ante mi tras algunas horas de camino. Entre las ramas de los árboles se veía, semicubierta por largos dedos de hiedra, la silueta de lo que parecía ser un ruinoso templo. No ví ningún emblema religioso, por lo menos ninguno que supiese reconocer. Tan sólo unas franjas de extraños símbolos adornaban la desnuda fachada de roca clara y pulida. Sentí entonces una extraña sensación, como si alguien o algo me observase, una sensación que no se disipó hasta que aparté la mirada del templo, intranquilo. A mi alrededor ninguno de los viajeros parecía haber experimentado esa sensación.

Aún ahora, tras abandonar el autobús en la plaza principal de la novísima e impersonal Villa Lugash, sigo percibiendo esa sensación cuando revisito el templo en mi memoria. Tendré que curiosear más adelante.

A mi alrededor un considerable cúmulo de casas bajas y recién construidas se apiña alrededor de una impresionante mansión de apariencia oscura y ominosa. La piedra de sus muros, oscurecida por el tiempo y por el humo que vomita a raudales y sin descanso una gran chimenea procedente de una enorme fábrica que vigila la villa junto a ella, parece tener tantos años como la misma isla. Y al lado de la gran fábrica, una profunda herida se ha abierto en el bosque, en forma de una enorme excavación. Desde el autobús puedo ver cómo cientos de camiones suben y bajan sin descanso desde lo profundo de la excavación -profundidad que no alcancé a divisar desde el otro lado de las ventanas del autobús- hasta las fauces abiertas de la fábrica.

Empiezo a andar hasta uno de los edificios, intentando no respirar el viciado aire. Me encuentro con pocos Miis en mi camino, y aunque los saludo a todos entusiásticamente tan sólo recibo a cambio tenues y desganadas réplicas. Todos parecen tan… cansados…

El edificio ante el que me detengo está pintado de ocre y es bastante más grande que las viviendas que componen la villa. Miro el enorme cartel que alienta a los visitantes a unirse a la familia del conde Lugash y aprovechar las enormes ventajas de trabajar en la excavación y de vivir en Villa Lugash. Me recuerda -y no puedo evitar un escalofrío- a la propaganda bélica de las brigadas de alistamiento. Al lado del cartel hay una puerta abierta de la que sale una pequeña cola de gente. Encima de la puerta un rótulo grita con letras blancas: “Recepción de trabajadores”.

Doy un último vistazo a la plaza principal, desalentado, y resoplando me pongo tras el último Mii de la cola, sin tener muy claro qué me deparará todo esto.

-¡A ello, Serone! -me susurro a mi mismo-. A ello…


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