Extrañas noticias en el periódico
Escrito por Dr. SeROne el 09-07-2008, 18:00
Ayer, cuando apagué aquel delicioso aparatejo blanco, me tiré en la cama. Estaba rendido, era tan cómoda… No pude evitar quedarme dormido. Y debía de estar tremendamente cansado, pues he reparado en que me quedé dormido cuando el reloj de la alta torre que domina una de las dos plazas de la ciudad Esmeralda me ha despertado marcando 9 campanadas.
Ahora camino despacio, desperezándome, entre las habitaciones aún desconocidas de mi nuevo hogar. Y cuando me suenan las tripas reparo en que tendré que buscar un trabajo. Aunque cambié gran parte de mis ahorros en moneda local con la tripulación del barco que me trajo a Miitopia, no iba a durar para siempre.
Salgo al exterior y miro a un lado y al otro de la calle, que hierva bajo un sol abrasador. Al final de ella veo una pequeña y acogedora cafetería, a la que me dirijo al son del rumor del hambre. Un mii encantador me sirve una deliciosa taza de café y un par de bollos recién horneados, mientras se aparta de la cara los rizos que a ratos cubren una franca y abradable sonrisa. Suspiro mirando al techo durante unos segundos, pago y se lo agradezo antes de lanzarme sobre los manjares que me clavan su aroma como estacas.
Entre mordisco y mordisco reparo en que un par de periódicos están amontonados descuidadamente al final de la barra.
-¿Puedo? -le pregunto a la camarera, señalando con un gesto los periódicos.
-¡Claro! -me indica ampliando la sonrisa que nunca parece abandonarle el rostro, y sigue con sus quehaceres tarareando bajito una canción de cuna, o algo similar.
Hojeo los periódicos mientras termino de masticar los últimos trozos de los bollos y apuro el café. Al parecer no todo es tan bonito y tranquilo en Miitopia. El periódico deja ver pinceladas negras entre los sucesos cotidianos de una congregación más o menos pequeña.
Leyendo las noticias veo que en la isla de Miitopia hay dos grandes ciudades. Una de ellas es en la que me encuentro, la Ciudad Esmeralda, y la otra, en el otro extremo de la isla, se llama la Ciudad Diamante. Y alrededor, entre los blosques de altas palmeras que separan ambas ciudades, al parecer se pueden encontrar varios pueblecitos pequeños pequeños y acogedores. O casi todos lo son, pues gran parte de las noticias negativas de la isla involucran a los aldeanos de una villa llamada Lugash, egocéntrico homenaje al Mii que la fundó y cuya mansión domina la villa.
Puedo leer en el periódico que la ola de desapariciones que comenzaron hace tres años, con la llegada del Barón a Miitopia, lejos de detenerse se ha ido continuando, poco a poco. El periodista remarca cómo antes de la llegada de Lugash Miitopia apenas podía lamentar muertes naturales y accidentes desafortunados. No podía -presuponía en lo que era una acusación directa- se una coincidencia.
Al parecer el Barón, después de vivir toda la vida lejos de Miitopia, compró una gran cantidad de tierra a un anciano pariente que falleció al poco de asentarse en sus nuevos dominios. El Barón vino con muchos miis de confianza, y ofreció trabajo a varios de los lugareños en un extraño proyecto que llevaba a cabo en medio del bosque que rodeaba su mansión: una extraña excavación que empezó apenas algunos meses después de su llegada y aque aún se mantenia activa. Alrededor de la mansión fundó la villa Lugash, donde dió un hogar a sus secuaces y a la gente de la isla que decidió mudarse con el para trabajar en su excavación.
Al final del artículo habla del último desaparecido. Y en ése momento me alegro de haber acabado ya mi desayuno, pues me hubiese atragantado con el:
“El último desaparecido en extrañas circunstancias, sin dejar ningún rastro, fue Rentin, uno de los pocos trabajadores de la excavación del Barón Lugash que había abandonado su trabajo, algunos meses antes. Lo único que se sabe es que, tras abandonar al Barón decidió cambiar la titularidad de propiedad de su hogar en la calle Victoria a favor de un Mii que aseguró que pronto vendría a la isla. Y manifestó a sus conocidos su deseo de marchar de la isla, pero los servicios portuarios afirman que jamás llegó a embarcar en los servicios regulares que salen de los puertos de Miitopia. Nada se sabe desde que…”
Dejo el periódico asombrado, olvidando que lo había cogido para buscar algún anuncio de trabajo…
