Habitaciones casi vacías
Escrito por Dr. SeROne el 02-07-2008, 22:40
Me quedo un rato mirando una y otra vez el sobre, pero tan sólo esa escueta frase está escrita. Tanteo el interior, algo pequeño se perfila en el papel. Abro el sobre con cuidado para sacar una llave metálica, y me guardo con cuidado el sobre en el bolsillo. Al menos la frase está escrita a mano, quizás pueda empezar a tirar por ahí de la madeja de éste enigma.
Inserto la llave en la cerradura; encaja perfectamente, como era de esperar. Y el click que suena al desbloquear la cerradura suena a nuevo inicio, a recuerdos enterrados, a kilómetos por medio, a cartas no escritas que nunca se escribirán a imágenes borrándose… Empujo la puerta y ntro al fin, cerrándola de nuevo a mi espalda.
Recorro varias habitaciones casi vacías, de paredes pintadas con un verde pálido. Es el color que ella y yo elegimos para pintar nuestra casa, pienso sorprendido. Exato, el mismo todo, el mismo… Cambio entre las habitaciones rozando las paredes con la yema de los dedos. Una espartana cama, una mesa de madera con algunas sillas, un enorme sótano fresco, poblado únicamente por una enorme mesa de roble viejo y oscuro. Y en la buhardilla una blanca habitación que contrasta con el resto de la casa por tener una cómoda butaca blanca, una pequeña mesita blanca, una enorme televsión blanca y una estantería del mismo color.
Veo con curiosidad unos pequeños aparatos que descansan al lado de la enorme televisión. Alguna vez oí hablar de ellos en la gran ciudad. Videoconsolas; una hermosa Wii y la pequeña gran DS, ambas del mismo todno blanco que el resto de la habitación. En la estantería varias cajitas guardaban una enorme cantidad de discos y cartuchos. No pude ev itar esbozar una sonrisa.
Me derrumbé en la cómoda butaca del ático y cerré los ojos. El sótano es perfecto para mi laboratorio, pienso, por fin podré tener uno como siempre he querido, como el que iba a tener en aquella nueva casa que nunca fue… Aquel hogar soñado. Si así será…
-¿Quien demonios habrá montado todo esto? -digo en voz alta, casi sin darme cuenta-. ¿Quien me quiere aquí? ¿Para qué?
Y, alargando la mano hacia la pequeña DS, decido relajarme mientras pulso el interruptor de la pequeña blanca…
