Un nuevo hogar
Las sirenas ululan anunciando el desembarco inminente, mientras la misma voz de antes anuncia la llegada a Miitopia. Bajo despacio, solitario, con mi pequeña maleta como único lastre en la mano. Nada más desembarcar el capitan retira la pasarela del navío. Nadie más desembarca en la isla. Sin perder un instante, el barco leva de nuevo el ancla, veo al capitán en la cubierta con un gesto de tranquilidad mientras se aleja cada vez más…
Paso unos minutos solo, en el puerto, inmóvil. Tan sólo se ven a lo lejos algunas barcas de pescadores alrededor de un pequeño cúmulo de islotes cerca de la isla de Miitopia. El puerto está extremadamente tranquilo. A lo lejos puedo ver las primeras casas de la ciudad Esmeralda -así es como el capitán la anunció-, así que, respirando hondo, comienzo a caminar.
Tras algunos minutos de caminata alcanzo las calles periféricas de la ciudad. Hace un día agradable, y el viento cálido me reconforta. Me siento tranquilo y excitado por la sinfonía de novedades que me trae la brisa de la isla. Pocos habitantes pasean por las calles a ésas horas, pero en casi todos me encuentro una sonrisa y una cara agradable; en el resto veo tan sólo indiferencia.
Me acerco a uno de ellos, un mii alto y desgarbado, embutido en una larga gabardina marrón, que camina lentamente mirando cada calle, cada comercio, cada mii y que lleva ya un rato observándome. Dispuesto a no perder el tiempo y desentrañar lo antes posible el misterio de la nota, la saco para leer la dirección garabateada al pie.
-Perdone, caballero…
-Vaya, vaya, vaya, un forastero… ¿es así?
Le miro, sonriendo, pero él no me devuelve la sonrisa. Suspiro, recordando los gestos amargos y contrariados de la gente hastiada de la antigua gran ciudad que acabo de abandonar. No todo iba a ser idilico en Miitopia…
-Pues si. Muy observador, caballero -añado, con algo de sorna. Vuelvo a mirar la dirección de la nota antes de guardarla-. Estoy buscando una calle, si fuese tan amable…
-Dispare.
-Si, gracias. Es la calle… Victoria, si. La calle Victoria. ¿Cómo puedo llegar allá?
Me mira durante unos segundos antes de responder, como si estuviese anotando algo en una gran libreta mental.
-Claro. Escuche bien.
Me indica el camino a tomar. Por suerte no está lejos del puerto, así que me despido y comienzo a caminar. Me alegro de dejar a ése mii, algo inquietante rezumaba de el. Si hubiese estado en mi antigua ciudad diría que apesta a policía, pero en Miitopia todo parece ser diferente. Más adelante intentaré enterarme de quien es ése mii.
Por fin llego a la calle Victoria. Es una calle estrecha, compuesta por casas altas y extravagantes, independientes y rodeadas de jardines con altas vallas copadas de hojas de hiedra que impiden toda tentativa de fisgoneo. El número indicado en la nota me conduce a una casa de tono rojizo,que encaja perfectamente con la descripción anterior. Miro a izquierda y derecha, pero no encuentro a nadie en la calle. Sin saber que hacer,intento apretar la manilla del portón del jardín, y para mi sorpresa cede sin hacer ningún ruido. tras cerrar a mi espalda la puerta con cuidado, miro el descuidado jardin, poblado de malas hierbas, en un estado de semiabandono. Parece que nadie le ha prestado atención durante algunos meses. Y veo, sorprendido, como en la puerta blanca de entrada a la casa hay un sobre de papel atrapado en el quicio de la misma.
Me acerco a el y leo la única frase escrita en el exterior:
“Bienvenido a tu nuevo hogar, Serone”
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Estaba hasta los … Miis de ver la cansina página del código Voynich. Menos mal que hay nueva página…Aunque por lo que veo has tirado el laboratorio (o lo has incendiado, nunca se sabe) y te has metido en una isla…Ya me contarás si hay tumbas de dioses muertos y primigenios…JUAJUAJUAJUA